Luces, cámara y acción

Actores o no, el show de la vida debe continuar como sea. Y ese es mi mayor temor, saber que somos presos de la improvisación del vivir. ¿Por qué tengo miedo? 
Porque un día, puede ser hoy o mañana, nuestro telón no se va correr y no escucharemos los aplausos, ni las críticas, no escucharemos nada, y allí donde el silencio se esconde es donde se hacen presentes los fantasmas.
Esos que llevamos a cuestas sobre nuestros hombros y se posan regodiantes del éxtasis de saber que si los dejamos son nuestros titiriteros, si se lo permitimos lo serán.
Cada paso que damos, cada huella que no dejamos, cada ausencia que presenciamos hablan más que nuestras bocas al abrirse. No lo sé.
De verdad que no lo sé, no debería ser tan difícil perderse en el naufragio sin preocuparse por el destino. Pero, lo es.
La función de hoy está llegando a su fin y yo aún no he visto desenlace semejante como el de mostrarse real.
Real en un mundo de mentira.

- Gian Marco Settembrini

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