Imagina, imagina el cielo, píntalo de los colores que más quieras acaricia las paredes, imagina sus texturas, mezcla el negro con el blanco y a los grises de tu vida conviértelos en color; si no te gusta, vuelve a mezclar, vuelve a imaginar.
Imagina tanto que la realidad deje de parecerte triste. Imagina hasta que ya no sepas distinguir si es por ahí o por allá porque de tanto imaginar vas a terminar olvidándote de colorear tus días para volverlos mejores, de tanto imaginar un día te darás cuenta que los sueños se hacen realidad si te animas a soñar y a pintar tú día, tú vida, tus heridas. Hoy, mañana y siempre imagina que siempre se puede estar mejor. ¡Ve por ello!