Reestructurando los pensamientos me encuentro entre medio de paredes de cemento que pese a su colorida faceta por dentro entrañan verdades grises y frías, en su ser se encuentra la historia de vencedores y vencidos, sobretodo de vencidos. Porque contrario a lo que muchos piensan son los pequeños recovecos, allí donde la sombra es la única luz donde se narran las verdaderas historias.
Historias que no llegan a los titulares de los medios, historias que no se hacen tendencia en las redes, historias que solo algunos experimentados navegantes de la vida con rostros arrugados pueden llegar a narrar. Solo. Solo, si tan solo, las lágrimas no se apoderan de su mar de recuerdos. Si eso sucediera, no habría barca, ni palabras, que podrían soportar el vendaval que genera remover el polvillo acumulado de heridas que jamás cicatrizarán.
Historias que nunca se podrán silenciar.
Siempre existirá un poeta que se animará a recitar, un músico que con su voz y sus letras se prohibirá olvidar, un pintor que esconderá en sus retazos signos más allá del entendimiento de aquellos que creen tener la verdad, o mejor dicho, que quieren imponerla.
Una verdad única, una verdad distópica, Una verdad hecha mentira. Una mentira.