Poema.
Si en un libro puedo escaparle a la vida,
¿qué quedará de mi muerte?
¿qué ocurre con la suerte en ese momento?
¿qué sucede con todas esas lágrimas desperdiciadas
y en la lluvia camufladas?
¿qué acontece si el reloj se detiene?
No, eso es imposible.
En mi lecho el tic tac se oye diferente,
es distinto, ya no volteo mi mirada
para ver en la pared
que marcan las 10 y 53.
Ni anoto en el calendario
lo que tengo que hacer mañana.
¿quién hará todas esas cosas?
¿quién terminará “El lobo estepario” por mi?
¿quién regalará una sonrisa?
¿quién encontrará en la paciencia su mayor virtud?
¡Qué más da!
De eso ya no me tengo que preocupar,
bueno, tampoco puedo hacerlo.
Si ya estoy muerto.
¿qué es este lugar?
No está todo oscuro aunque tampoco es claro
se parece mucho a un domingo nublado.
No sé si estoy en el más allá
pero ahí yace mi cuerpo sin respiración.
Mis ojos comienzan a investigar
este extraño lugar
y veo seres, entes,
no sé cómo describirlos
que se parecen a mi
aunque son muy distintos.
A su lado no se encuentra un cuerpo sin vida como el mío,
puedo ver a sus cuerpos sumidos en sus rutinas terrenales,
en sus trabajos, en la universidad, en un café o de fiesta.
No termino de entender donde estoy
¿existe la división de cuerpo y alma
que planteaba Platón?
Este lugar me hace pensar que sí
aunque ellos no tendrían que estar aquí.
Digo, mirando a todas esas almas con sus cuerpos llenos de nada.
Es el día de mi velatorio,
veo a mis amigos y mi familia llorar,
uno que otro intenta controlar
su catarata de emociones.
Me pregunto cuándo comenzarán a reír.
Ellos más que nadie
saben cuánto me gustaba sonreír.
¿Recordarán alguna anécdota mía?
Primera noche sin estar en la Tierra
no me puedo dormir.
Decido ir por ahí a ver qué están haciendo
todos mis seres queridos.
Parece que se han juntado a comer algo,
veo muchos ojos hinchados del llanto,
otros todavía no se dan cuenta
que ya no me escucharán hablar
diciendo una que otra locura.
El clima no acompaña,
la lluvia llena de nostalgia el ambiente.
¡Vamos, empiecen a reír gente!
Y en cuanto lo termino de pensar
una copa rota desencadena un centenar
de historias descabelladas que ni yo recordaba.
“Y si… así era el…
Así soy yo…”
- Gian Marco Settembrini
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