A qué sabe el dolor

¿Puede el dolor tener un sabor?
¿Sabe a algo?
Quizás a un trago amargo
o tal vez a tierra.
Aún no lo sé,
por momentos no me sabe a nada,
todo es indiferencia
y quizás esa es la peor sensación de todas
porque
vas caminando por la vida
y en realidad solo te desplazas de un lugar a otro;
caminar no es solo mover las piernas,
es mirar a tu alrededor,
es escuchar pájaros o bocinas de autos,
es darte cuenta que una tienda cambió de lugar o que ya no existe,
es evidenciar el paso del tiempo por verte reflejado en el vidrio de un escaparate.
Y si todo es indiferencia,
todo esto se diluye en el aire.
Como si hilos
caídos del cielo manejaran tus movimientos,
obviando tu capacidad y tu fuerza
para cambiar acciones o destinos.
Entonces, si me preguntan
a qué sabe el dolor
podría decirles que no sabe a nada.
Así es, a nada.
La nada misma.

- Gian Marco Settembrini

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