cede la tristeza
ante la risa absurda
de un infortunado tropiezo
y el espejo cóncavo de tu vida
te recuerda el poder de tu sonrisa,
mientras lágrimas se secan, miedos se ahuyentan y heridas se cierran.
La alegría se abre camino
dejando atrás resabios de soledad.
Todo dolor, costo del amor,
no se extinguió pero se transformó
y hoy esa energía te hace querer ser mejor.
El amor como motor,
el dolor como propulsión.
El amor como conductor,
el dolor como precaución.
El amor…
y la pasión.
- Gian Marco Settembrini
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