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Resaca

Cuento.
Me miro en el espejo, el pelo desordenado y mis ojos aún entrecerrados del sueño facilitan una imagen decadente de mi. Con la cara ya lavada vuelvo hacía la habitación y ahí estás durmiendo de manera angelical.
Me dirijo hacía la cocina para prepararte el desayuno, el olor del café hoy me sabe aún más delicioso. Hacía tiempo que no me sentía así, tal vez tengas algo que ver con todo esto. Fue necesario verte dirigiéndote al baño, en tanga y con mi remera como pijama, para desmoronar toda una teoría de años. Hasta ese momento creía que nadie podía verse bien recién despierto.

- ¿Cómo dormiste? - te digo, sonriéndote.

Antes que pudieras contestar me abrazas en silencio. Fue la primera vez que supe que no te gustaba hablar por la mañana. Pero, no dejabas de abrazarme y cuando me di cuenta unas lágrimas osaban con arruinar el momento.

- ¿Qué pasa? ¿Estás bien?

Seguías sin decirme nada. Solo te aferrabas a mi cuerpo así que comencé a preocuparme, te separé un poco de mí y mirándote a los ojos te lo volví a preguntar, esta vez sí me respondiste:

- Simplemente quería quedarme un rato más con vos hasta que despiertes.


No entendía de qué me estabas hablando hasta que comenzó a sonar el despertador. Miré a mi alrededor, una botella de cerveza en el piso me observaba de reojo y a mi lado no había nadie. Me levanté, fui al baño, me miré en el espejo y lo supe.

No hay peor resaca que la del amor tras el adiós.

- Gian Marco Settembrini

Después de mi

Poema.
Si en un libro puedo escaparle a la vida,
¿qué quedará de mi muerte?
¿qué ocurre con la suerte en ese momento?
¿qué sucede con todas esas lágrimas desperdiciadas
y en la lluvia camufladas?
¿qué acontece si el reloj se detiene?
No, eso es imposible.

En mi lecho el tic tac se oye diferente,
es distinto, ya no volteo mi mirada
para ver en la pared
que marcan las 10 y 53.

Ni anoto en el calendario
lo que tengo que hacer mañana.
¿quién hará todas esas cosas?
¿quién terminará “El lobo estepario” por mi?
¿quién regalará una sonrisa?
¿quién encontrará en la paciencia su mayor virtud?

¡Qué más da!
De eso ya no me tengo que preocupar,
bueno, tampoco puedo hacerlo.
Si ya estoy muerto.

¿qué es este lugar?
No está todo oscuro aunque tampoco es claro
se parece mucho a un domingo nublado.
No sé si estoy en el más allá
pero ahí yace mi cuerpo sin respiración.

Mis ojos comienzan a investigar
este extraño lugar
y veo seres, entes,
no sé cómo describirlos
que se parecen a mi
aunque son muy distintos.

A su lado no se encuentra un cuerpo sin vida como el mío,
puedo ver a sus cuerpos sumidos en sus rutinas terrenales,
en sus trabajos, en la universidad, en un café o de fiesta.

No termino de entender donde estoy
¿existe la división de cuerpo y alma
que planteaba Platón?
Este lugar me hace pensar que sí
aunque ellos no tendrían que estar aquí.
Digo, mirando a todas esas almas con sus cuerpos llenos de nada.

Es el día de mi velatorio,
veo a mis amigos y mi familia llorar,
uno que otro intenta controlar
su catarata de emociones.
Me pregunto cuándo comenzarán a reír.
Ellos más que nadie
saben cuánto me gustaba sonreír.
¿Recordarán alguna anécdota mía?

Primera noche sin estar en la Tierra
no me puedo dormir.
Decido ir por ahí a ver qué están haciendo
todos mis seres queridos.

Parece que se han juntado a comer algo,
veo muchos ojos hinchados del llanto,
otros todavía no se dan cuenta
que ya no me escucharán hablar
diciendo una que otra locura.

El clima no acompaña,
la lluvia llena de nostalgia el ambiente.
¡Vamos, empiecen a reír gente!
Y en cuanto lo termino de pensar
una copa rota desencadena un centenar
de historias descabelladas que ni yo recordaba.

“Y si… así era el…
Así soy yo…”

- Gian Marco Settembrini

Perdido en el tiempo

Poema desafío. Pedí que 10 personas me dijeran 10 palabras diferentes para así escribir un poema en menos de 10 minutos. Las palabras elegidas están resaltadas en negrita. El resultado en 7min 35seg fue el siguiente.
Aquellos momentos los recuerdo
con cierta nostalgia
al punto que por instantes
el llanto se adueña de mí
y pareciera querer arruinar mi porvenir.

Por suerte, cuento con mis amigos
y su lealtad que me mantienen
con fuerza, sabiendo que todavía
queda mucha vida por ser vivida.

Y, aunque los buenos momentos
aquellos cargados de sentimientos
sean el preludio de una melancolía
producida en el letargo de la noche.

Sé que llegará el día
en el que relajado y con un habano
en la mano y un whisky en la otra.

Podré tomar nota en un paradisíaco lugar
llamado felicidad.
Aunque mucho todavía no entienda
de filantropía, diría que
es todo lo que quiere una persona al finalizar el día.

- Gian Marco Settembrini

Mamá

Poema sobre la vida.
Necesito escribir estas palabras
como la luna necesita a la noche
y las plantas al sol.
Solo quiero decir qué extraña es la vida.
Es decir, eso es algo bastante obvio;
pero extraña el punto que tiene
de coincidir a dos personas
con poco o nada en común,
y logra convertir todo en un hermoso deja vú
de esos que a uno le gustaría
repetir hasta que el botón se descomponga,
y no logre recomponer, reconstruir,
o simplemente reescribir
una historia pasada
pisada por el agua,
o mejor dicho, acariciada
y convertida en sinónimos
de pasión y deseo,
de lujuría y poesía,
la mentira de tu vida
o la verdad con la que el tiempo
se va y no vuelve.
El reloj se detiene
hasta parece que retrocede
y ves tu niñez, te encontrás llorando
siendo consolado por un abrazo de mamá;
¡como te extraño mamá!
como a los atardeceres en las sierras,
como los veranos riendo y jugando.
La idea pierde fuerza
y yo me sumerjo en la fortaleza
de las últimas palabras de mamá
que todo aquello que deseé lo podré lograr.

- Gian Marco Settembrini

Vuelo

Poema sobre soñar.
El café de las mañanas, a veces,
desempolva ciertos resquemores
de un ayer plagado de errores
pero hoy despierta la mejor parte
de mi ser, la que se es fiel.

Aunque, cuánto cuesta mantener
esa postura hasta que sean más de las diez
si por las noches los fantasmas
salen a cazar almas atormentadas,
solitarias y acobardadas.

He visto llorar a los más fríos,
arrepentirse a los más arriesgados,
escapar a los más audaces
y a pesar de que la vida nos golpee a todos
solo unos pocos deciden aprender de ello.

Solo algunos descubrieron
que al otro lado del miedo se encuentra el amor.

Pero, en este día siento cierta empatía
por todos aquellos que sueñan sin agitar las alas.

¡Ay, si supieran lo bien que se siente volar,
sentir el viento despeinarte y despojarte
de todo pensamiento inútil!

Al volar el tiempo desaparece,
el resto del mundo se desvanece,
solo sos vos y tu creencia de que podes volar,
llegar tan lejos, tan alto como te lo propongas.

Si solo unos segundos de vuelo
son necesarios para volver absurdos los miedos.

- Gian Marco Settembrini

Rueditas rotas

Cuento de misterio.
Su valija con rueditas rotas. Eso fue lo último que vi de aquella misteriosa mujer. Había algo en su paso cansino que no dejaba de intrigarme sobretodo por la manera en la que arrastraba su equipaje. Era cómo si no quisiera irse pero a la vez supiera que no podía quedarse ni un minuto más. La chica era joven pero el rostro le había envejecido 10 años en solo una hora. 
Yo estaba cumpliendo con mi turno de camarero cuando la vi pasar por primera vez a las 13 horas. No digo que en ese momento ella estuviese resplandeciendo de felicidad pero estaba bien. A las 14 y minutos pasó de nuevo por la puerta del bar. Esta vez con una valija. Una valija que cargaba sobre ella un peso mayor del que uno se imaginaría, eso daba a entender por su manera lastimosa de llevarla. Allí no había ropa, o al menos no era lo único. Allí, quizás, había esperanzas aniquiladas por el tiempo, promesas rotas víctimas de mentiras inútiles. No lo sé. Solo sé que verla me dieron ganas de decirle que todo iba a estar bien. Aunque, luego en un pensamiento ocasional que surgió a lo largo del día, agradecí haberle dicho nada. No sabía si esa alma en pena hubiera sido capaz de soportar un engaño más. ¿Qué certeza podría tener yo de que todo iba a estar bien? No sabía nada de su aflicción.

Antes que el dolor hecho carne en su humanidad doblara arrastrándose en la esquina, vi que del bolsillo de su abrigo caía un papel. Interrumpí la limpieza de una mesa para ir corriendo a recogerlo, supuse que debía tener algún tipo de importancia para ella. Mi intuición no falló. Era un boleto para el último tren que partía esa misma noche de Madrid a Barcelona.
Al levantar la vista, la chica ya no estaba, su aura dolorido se escondía ante mis ojos. Se había perdido en el tumulto de los caminantes sin rumbo. Regresé a mis tareas, le pregunté a mi compañero si había visto esa chica que arrastraba la valija, negó y siguió con su labor.
El resto de las horas que quedaban de mi turno me las pasé reflexionando para mis adentros sobre qué hacer con ese boleto. Luego de analizar mis distintas opciones salí de trabajar y solo tenía una certeza. Sería una noche larga.
La encontrara o no, esa noche viajaría a Barcelona.

- Gian Marco Settembrini

La torre de los susurros

Cuento.
Susurros.
Cientos de voces distintas se combaten en mi interior y todas buscan lo mismo, tener la razón. En momentos adversos incrementan su volumen hasta aturdirme con un silencio ensordecedor.
Ese mismo silencio escuché un segundo antes que se dispare el gatillo de unos delincuentes sobre mi mejor amigo. El sólo quería huir, salvarse. No pude hacer nada para ayudarlo.
He comentado tantas veces lo que sucedió esa noche. Se lo conté a la familia, a amigos, a conocidos, a desconocidos, que hasta hay días en los que cuento la historía sin una mínima expresión como si fuera un guión preparado. Cuando eso sucede se quedan mirándome consternados ante mi insensibilidad, algunos se esconden detrás de una sonrisa y emiten un juicio negativo sobre mí.
Lo que nadie sabe es lo repugnante que me siento cuando me suceden esos episodios de insensibilidad, nadie sabe que al regresar a casa lloro desconsoladamente. Intento calmar las embestidas de esas voces internas pero todo esfuerzo es en vano.
Al otro día despierto, tomo mi café, me pongo mi traje y me dirijo hacía el trabajo. Cuando vuelvo me espera la comida lista, agarro una cerveza y la bebo mirando por la ventana en dirección a la Torre de Galicia. El edificio más alto de la ciudad.
Hay veces que me pregunto qué se sentirá estar en ese último piso a 80 metros de altura. Si el viento soplará distinto o seguirá siendo solo viento, si el sol quemará mis mejillas igual que en el parque de la vuelta. Pese a vivir al otro lado de la calle nunca realicé el tour por el edificio que concluye con ese fantástico mirador de 360 grados.
Vienen cientos de personas de otras ciudades para conocer exclusivamente este mirador pero yo nunca he subido. Existen tardes en las que vuelvo antes de trabajar y puedo verlos a todos congregándose en la planta baja, más de una vez se quedaron mirándome con atención intentando convencerme que subiera con ellos. No niego que más de una vez pensé en unírmeles, algunos grupos eran más carismáticos que otros pero siempre me inventé una excusa para no hacerlo.
Ya tengo la edad suficiente para no poner en riesgo mi integridad. Desde mi último infarto mi médico me prohibe cualquier actividad que pueda acelerar mi ritmo cardiaco. Dice que puede llegar a matarme.

- Entonces, ¿qué hace subiendo con nosotros en el ascensor? - preguntó un joven que había escuchado toda mi historia con atención.
- Lo que no sabe mi médico es que yo morí esa noche en la que firmé aquel contrato.
- Espere, -interrumpió el joven- ¿usted es él? - dijo, señalando una revista Forbes que se daba al iniciar el tour y llevaba mi rostro.

Asentí en silencio.

- Pero, es millonario. Con todo respeto, está loco. Tiene más dinero del que podría ganar en diez vidas y dice que ya está muerto.
- Mi niño interior...

Antes de poder seguir hablando, se escuchó un sonido y el guía exclamó con entusiasmo que habíamos llegado al último piso.

- Chico, ¿quieres un consejo?
- Sí, por favor, Señor Galicia.
- Nunca renuncies a tus sueños y conserva a las personas que amas.

Esas fueron las últimas palabras de una de las 10 personas más adineradas del último año antes de saltar al vacío desde la torre que llevaba su nombre.

- Gian Marco Settembrini

Fuimos

Poema.
Fuimos. 
No somos y no sé si seremos
pero sonrío porque algún día fuimos
y ser con alguien
es una dicha que solo los valientes
que abren su corazón pueden gozar.
Fuimos, lo sé,
pero qué linda manera de ser
la de vos y yo.

- Gian Marco Settembrini

Pequeños placeres

Reflexiones.
Puedo ver el atardecer entre gigantes de cemento mientras disfruto del olor a café recién hecho y los sentidos no dejan de deleitarse, música de décadas pasadas llenas de melodías pegadizas, voces sin autotune e instrumentos reales llegan bailando hacía mis tímpanos de la mano de una explosión de sabores conferida por una tarta de zanahoria.

- ¿Cómo? ¿Qué es esto? - pregunta mientras levanta la vista de su móvil.
- Esto se llama disfrutar de los pequeños placeres de la vida sin necesidad de alguna pantalla electrónica.

- Gian Marco Settembrini

Hoy

Motivación para el día.
Hoy me quiero recordar que puedo
que hay sueños que se viven despierto
porque la pasión y el esfuerzo
nos llevan a sacar fuerzas
del centro de uno mismo,
y cuando allí ya no hay nada
sacar fuerzas de donde no las hay
se convierte en nuestra única verdad
a menos que no estemos dispuestos
a sacrificar tiempo,
el mayor valor de nuestra vida,
el único que si se va ya no regresa.
Quedará en vos desperdiciarlo
o invertirlo en todo aquello por lo que late tu pecho.
Yo puedo porque sueño.
Yo puedo porque me arriesgo.
Yo puedo porque me esfuerzo.
Yo tengo miedo.
No puedo.

- Gian Marco Settembrini