Rueditas rotas

Cuento de misterio.
Su valija con rueditas rotas. Eso fue lo último que vi de aquella misteriosa mujer. Había algo en su paso cansino que no dejaba de intrigarme sobretodo por la manera en la que arrastraba su equipaje. Era cómo si no quisiera irse pero a la vez supiera que no podía quedarse ni un minuto más. La chica era joven pero el rostro le había envejecido 10 años en solo una hora. 
Yo estaba cumpliendo con mi turno de camarero cuando la vi pasar por primera vez a las 13 horas. No digo que en ese momento ella estuviese resplandeciendo de felicidad pero estaba bien. A las 14 y minutos pasó de nuevo por la puerta del bar. Esta vez con una valija. Una valija que cargaba sobre ella un peso mayor del que uno se imaginaría, eso daba a entender por su manera lastimosa de llevarla. Allí no había ropa, o al menos no era lo único. Allí, quizás, había esperanzas aniquiladas por el tiempo, promesas rotas víctimas de mentiras inútiles. No lo sé. Solo sé que verla me dieron ganas de decirle que todo iba a estar bien. Aunque, luego en un pensamiento ocasional que surgió a lo largo del día, agradecí haberle dicho nada. No sabía si esa alma en pena hubiera sido capaz de soportar un engaño más. ¿Qué certeza podría tener yo de que todo iba a estar bien? No sabía nada de su aflicción.

Antes que el dolor hecho carne en su humanidad doblara arrastrándose en la esquina, vi que del bolsillo de su abrigo caía un papel. Interrumpí la limpieza de una mesa para ir corriendo a recogerlo, supuse que debía tener algún tipo de importancia para ella. Mi intuición no falló. Era un boleto para el último tren que partía esa misma noche de Madrid a Barcelona.
Al levantar la vista, la chica ya no estaba, su aura dolorido se escondía ante mis ojos. Se había perdido en el tumulto de los caminantes sin rumbo. Regresé a mis tareas, le pregunté a mi compañero si había visto esa chica que arrastraba la valija, negó y siguió con su labor.
El resto de las horas que quedaban de mi turno me las pasé reflexionando para mis adentros sobre qué hacer con ese boleto. Luego de analizar mis distintas opciones salí de trabajar y solo tenía una certeza. Sería una noche larga.
La encontrara o no, esa noche viajaría a Barcelona.

- Gian Marco Settembrini