Estoy en el metro
subiendo escaleras para salir de él
y veo a muchos correr.
Algunos mirando sus relojes con apuro
como si llegaran tarde a algo o alguien.
O, quizás están escapando. No lo sé.
A su vez observo a varios caminando, ¿por qué ellos no corren también?
Oye, porqué yo sí estoy corriendo,
me descubro en la hilera de los que corren
y en la próxima escalera voy lentamente hacia la salida.
Lo que me preocupa es que aunque no quería correr, por momentos terminé haciéndolo como si la vida fuera una carrera.
Acaso, ¿lo es?
Tenemos que llegar a nuestros trabajos, nuestros estudios, nuestros objetivos.
Será dinero, amor, felicidad, soledad.
No lo sé.
Yo solo me senté a escribir cuando vi que todos corrían. Y los pocos que no, miraban sus móviles.
¿Qué hay allí que no encuentre uno en un viaje por el metro de Madrid?
Veo parejas enamoradas, veo rostros cansados, veo abuelos olvidados por sus nietos, veo personas sin rostro, no porque no tuvieran uno sino porque no me transmiten nada. Me pregunto cuando se animarán a ser. Veo pobreza en personas de traje y maletín, veo riquezas en personas sin ropa de marca con un libro en mano y viceversa. Veo tanto que cada tanto encuentro a alguien mirándome y yo me pregunto, qué pensaría si leyera mis pensamientos.
Estoy en el metro.
Estoy.
- Gian Marco Settembrini
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