En otoño

En otoño la soledad es más bonita.
Surge como un suspiro de un sueño de verano
y con sus hojas amarillas resalta
la diversidad de marrones y verdes.
El ruido que hacen las hojas al pisarlas,
la diversión de un niño que las coge y las suelta al viento
como si pidiera un deseo, cientos de ellos.
Tantos anhelos que se forman a partir de la naturaleza caída
me hacen pensar que está bien tropezar,
está bien si un día no brillamos como en primavera.
Porque siempre existirá el otoño para apreciar
a aquellos que lo están intentando,
a aquellos que están buscando encontrarse,
a aquellos que pese a no haber conseguido lo que querían, caen y se vuelven a levantar.
El otoño es de los que no dejan morir su niño interior.

- Gian Marco Settembrini

Mamá

Poema sobre la vida.
Necesito escribir estas palabras
como la luna necesita a la noche
y las plantas al sol.
Solo quiero decir qué extraña es la vida.
Es decir, eso es algo bastante obvio;
pero extraña el punto que tiene
de coincidir a dos personas
con poco o nada en común,
y logra convertir todo en un hermoso deja vú
de esos que a uno le gustaría
repetir hasta que el botón se descomponga,
y no logre recomponer, reconstruir,
o simplemente reescribir
una historia pasada
pisada por el agua,
o mejor dicho, acariciada
y convertida en sinónimos
de pasión y deseo,
de lujuría y poesía,
la mentira de tu vida
o la verdad con la que el tiempo
se va y no vuelve.
El reloj se detiene
hasta parece que retrocede
y ves tu niñez, te encontrás llorando
siendo consolado por un abrazo de mamá;
¡como te extraño mamá!
como a los atardeceres en las sierras,
como los veranos riendo y jugando.
La idea pierde fuerza
y yo me sumerjo en la fortaleza
de las últimas palabras de mamá
que todo aquello que deseé lo podré lograr.

- Gian Marco Settembrini

Barquitos de papel

Poema dedicado a ese niño que llevamos dentro.
mañana llena de responsabilidades,
vestía muy elegante por cierto,
de traje y zapatos,
cuando el cielo gris
comenzó a llorar con fuerza.
precavido, había traído mi paragüas.
La lluvia caía con más ímpetu,
los autos por poco me salpicaban,
maldecía a los cuatro vientos
mientras esquivaba
baldosas flojas y charcos
hasta que caí en uno,
y viaje,
viaje al pasado
a cuando era niño
y hacía barquitos de papel.
Me vi riendo bajo la lluvia,
parecía feliz.
La bocina de un auto
me trajo de vuelta.
Cerré mi paragüas, corrí, reí,
ya no esquivaba el agua del suelo,
ahora saltaba en ella.
Mientras disfrutaba, mire arriba
agradecido y aproveché a mandar unos saludos.
Al llegar a mi casa,
el cielo comenzaba a cesar su llanto,
en tanto armaba
un barquito de papel
y salía a toda prisa, a verlo navegar
por las calles de la ciudad.
Una mañana necesite,
solo una mañana
para volver a sentirme
como un niño.
Bajo la lluvia, pude volver a sentir,
sentirme feliz.

- Gian Marco Settembrini