Estoy en el metro
subiendo escaleras para salir de él
y veo a muchos correr.
Algunos mirando sus relojes con apuro
como si llegaran tarde a algo o alguien.
O, quizás están escapando. No lo sé.
A su vez observo a varios caminando, ¿por qué ellos no corren también?
Oye, porqué yo sí estoy corriendo,
me descubro en la hilera de los que corren
y en la próxima escalera voy lentamente hacia la salida.
Lo que me preocupa es que aunque no quería correr, por momentos terminé haciéndolo como si la vida fuera una carrera.
Acaso, ¿lo es?
Tenemos que llegar a nuestros trabajos, nuestros estudios, nuestros objetivos.
Será dinero, amor, felicidad, soledad.
No lo sé.
Yo solo me senté a escribir cuando vi que todos corrían. Y los pocos que no, miraban sus móviles.
¿Qué hay allí que no encuentre uno en un viaje por el metro de Madrid?
Veo parejas enamoradas, veo rostros cansados, veo abuelos olvidados por sus nietos, veo personas sin rostro, no porque no tuvieran uno sino porque no me transmiten nada. Me pregunto cuando se animarán a ser. Veo pobreza en personas de traje y maletín, veo riquezas en personas sin ropa de marca con un libro en mano y viceversa. Veo tanto que cada tanto encuentro a alguien mirándome y yo me pregunto, qué pensaría si leyera mis pensamientos.
Estoy en el metro.
Estoy.
- Gian Marco Settembrini
Etiqueta: reflexión
¿El lápiz se borra?
Me da miedo que estas palabras queden en el olvido y sean borradas por el tiempo,
que por no estar escritas con tinta no tengan la misma relevancia.
Pero, luego me acuerdo de todas esas fotos que saqué con la retina de mis ojos y que quedaron para siempre en mi memoria.
Pienso en los abrazos que di a mis abuelos y su trascendencia en el tiempo.
Pienso en los besos que le di a mi primer amor y puedo revivir en mis labios esa sensación.
Pienso en ese día que tuve que dejar mi país y una lágrima que corre por mi mejilla deja en claro que no ha olvidado absolutamente nada.
Entonces, me doy cuenta que no importa si es tinta, lápiz, mi imaginación o mi voz, todo eso y más lo llevo acá conmigo.
Mi carácter, mi insomnio, mi dolor, mi esperanza, mis sueños y sobretodo mi amor. Ese gran motor que llevo en el pecho y que me impulsa a superarme.
- Gian Marco Settembrini
A qué sabe el dolor
¿Puede el dolor tener un sabor?
¿Sabe a algo?
Quizás a un trago amargo
o tal vez a tierra.
Aún no lo sé,
por momentos no me sabe a nada,
todo es indiferencia
y quizás esa es la peor sensación de todas
porque
vas caminando por la vida
y en realidad solo te desplazas de un lugar a otro;
caminar no es solo mover las piernas,
es mirar a tu alrededor,
es escuchar pájaros o bocinas de autos,
es darte cuenta que una tienda cambió de lugar o que ya no existe,
es evidenciar el paso del tiempo por verte reflejado en el vidrio de un escaparate.
Y si todo es indiferencia,
todo esto se diluye en el aire.
Como si hilos
caídos del cielo manejaran tus movimientos,
obviando tu capacidad y tu fuerza
para cambiar acciones o destinos.
Entonces, si me preguntan
a qué sabe el dolor
podría decirles que no sabe a nada.
Así es, a nada.
La nada misma.
- Gian Marco Settembrini
Azar
Reflexiones.
Me pregunto, cuánto habrá tenido que ver el azar en todo lo que un día lamenté; aunque, ahora que doy cuenta de ello, más me concierne saber cuánta de mi felicidad pende o pendió alguna vez de esos hilos invisibles que entrecruzan historias, personas, anhelos.
Y si así fuera, si el azar existiera ¿cuánta verdad cabría dentro y fuera de mí, si esta no lograra teñirse de libertad? ¿Cuánta verdad habría en todos nosotros? Pues, no puedo lograr concebirla si no se encuentra en un contexto de absoluta libertad.
Imagínense una realidad con hilos que manejen toda su vida, hasta las más mínimas casualidades como una mirada en el autobús. Es realmente abrumador si quiera pensar en la posibilidad que toda nuestra vida, en realidad sea una obra de marionetas sirviendo al único fin de existir.
Y si estos hilos del azar en cambio no existieran, se terminarían por calmar todas estas inquietudes que yacen muy dentro de mí. Aunque, cada tanto por las noches pensamientos regresaran para atormentarme, el amanecer y el sol se encargarían de recordarme lo que un día conseguí y aún puedo llegar conseguir, si tan solo creo en mí.
Ahora, el enfoque ha cambiado y se ha llevado consigo al azar de paseo, sin embargo no dejo de pensar en el tormento que podría significar una vida sin trascendencia.
- Gian Marco Settembrini
Y, ¿cómo se siente?
Conversación.
- Hay tanto que no entiendo
- ¿Qué?
- Si, es que no entiendo cómo funciona la vida. ¿Acaso existe un manual?
- No me lo preguntes a mí, yo sé menos que vos. Lo único que conozco es por lo que puedo sentir, por lo que alguna vez sentí.
- ¿Y cómo se siente?
- ¿Qué cosa?
- El amor.
- Como ver un atardecer de verano.
- Entonces, yo he sentido el amor.
- ¿Tenías dudas de haberlo sentido?
- Sí.
- Todavía no lo sentiste.
- ¿Por qué?
- Porque el amor se introduce en cada poro de tu piel hasta llegar a las fibras más íntimas de tu ser, y una vez allí, cada vez que los ojos te brillan como ese atardecer lo entendes.
- ¿Qué entendes?
- Que la vida podrá tener sentido o no, pero que el amor es lo único que hace que valga la pena vivirla.
- Gian Marco Settembrini
Águila blanca
Poema inspirado en una nube del cielo.
águila de arena blanca
revélame los secretos escondidos a la luz del sol,
o ¿acaso no ves que escondo mis miedos en los ojos curiosos
que hoy te descubrieron?
Pedacito de cielo confiésame,
y mándale un saludo a mis abuelos
que no se preocupen,
que si me han visto llorar no es nada nuevo,
solo que hay días que no me sale echar vuelo hacia mis sueños,
mis alas parecen cansadas y
es que ¡joder!
solo soy un joven con miedos
detrás de una sonrisa de hierro
que parece inquebrantable.
Pero, ven abuelo a charlar un ratito,
a jugar a la pelota conmigo
que te cuento cómo cumplí uno de mis sueños,
y terminaremos riendo
mientras la abuela alza la oreja, y sonríe
porque cocina como para diez cuando solo somos nosotros tres.
Y es que te abrazo, abrazo al aire,
porque así “nadie” parece “alguien”
Yo tengo miedo abuelo
pero no se lo digas a nadie,
que para alguien puedo ser inspiración
y aunque hoy me falte la respiración
de la única chica por la cual latió mi corazón
sé que siempre tendré en el cielo y la luna
un pedacito de ella que nos recordará que un día fuimos.
Prométemelo abuelo que no se lo vas a decir,
Prométemelo por favor,
que tus abrazos me prometan que un día dejaré
de sentirme nadie para alguien.
Solo deseo que el azul de mis lágrimas saladas
transformen este cielo, en un mar de aventuras
lleno de piratas, historias de amor náufragas,
para que el día que llegue a puerto
pueda entender que la felicidad
no sabe igual si no es compartida.
- Gian Marco Settembrini
Resaca
Cuento.
Me miro en el espejo, el pelo desordenado y mis ojos aún entrecerrados del sueño facilitan una imagen decadente de mi. Con la cara ya lavada vuelvo hacía la habitación y ahí estás durmiendo de manera angelical.
Me dirijo hacía la cocina para prepararte el desayuno, el olor del café hoy me sabe aún más delicioso. Hacía tiempo que no me sentía así, tal vez tengas algo que ver con todo esto. Fue necesario verte dirigiéndote al baño, en tanga y con mi remera como pijama, para desmoronar toda una teoría de años. Hasta ese momento creía que nadie podía verse bien recién despierto.
- ¿Cómo dormiste? - te digo, sonriéndote.
Antes que pudieras contestar me abrazas en silencio. Fue la primera vez que supe que no te gustaba hablar por la mañana. Pero, no dejabas de abrazarme y cuando me di cuenta unas lágrimas osaban con arruinar el momento.
- ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Seguías sin decirme nada. Solo te aferrabas a mi cuerpo así que comencé a preocuparme, te separé un poco de mí y mirándote a los ojos te lo volví a preguntar, esta vez sí me respondiste:
- Simplemente quería quedarme un rato más con vos hasta que despiertes.
No entendía de qué me estabas hablando hasta que comenzó a sonar el despertador. Miré a mi alrededor, una botella de cerveza en el piso me observaba de reojo y a mi lado no había nadie. Me levanté, fui al baño, me miré en el espejo y lo supe.
No hay peor resaca que la del amor tras el adiós.
- Gian Marco Settembrini
Después de mi
Poema.
Si en un libro puedo escaparle a la vida,
¿qué quedará de mi muerte?
¿qué ocurre con la suerte en ese momento?
¿qué sucede con todas esas lágrimas desperdiciadas
y en la lluvia camufladas?
¿qué acontece si el reloj se detiene?
No, eso es imposible.
En mi lecho el tic tac se oye diferente,
es distinto, ya no volteo mi mirada
para ver en la pared
que marcan las 10 y 53.
Ni anoto en el calendario
lo que tengo que hacer mañana.
¿quién hará todas esas cosas?
¿quién terminará “El lobo estepario” por mi?
¿quién regalará una sonrisa?
¿quién encontrará en la paciencia su mayor virtud?
¡Qué más da!
De eso ya no me tengo que preocupar,
bueno, tampoco puedo hacerlo.
Si ya estoy muerto.
¿qué es este lugar?
No está todo oscuro aunque tampoco es claro
se parece mucho a un domingo nublado.
No sé si estoy en el más allá
pero ahí yace mi cuerpo sin respiración.
Mis ojos comienzan a investigar
este extraño lugar
y veo seres, entes,
no sé cómo describirlos
que se parecen a mi
aunque son muy distintos.
A su lado no se encuentra un cuerpo sin vida como el mío,
puedo ver a sus cuerpos sumidos en sus rutinas terrenales,
en sus trabajos, en la universidad, en un café o de fiesta.
No termino de entender donde estoy
¿existe la división de cuerpo y alma
que planteaba Platón?
Este lugar me hace pensar que sí
aunque ellos no tendrían que estar aquí.
Digo, mirando a todas esas almas con sus cuerpos llenos de nada.
Es el día de mi velatorio,
veo a mis amigos y mi familia llorar,
uno que otro intenta controlar
su catarata de emociones.
Me pregunto cuándo comenzarán a reír.
Ellos más que nadie
saben cuánto me gustaba sonreír.
¿Recordarán alguna anécdota mía?
Primera noche sin estar en la Tierra
no me puedo dormir.
Decido ir por ahí a ver qué están haciendo
todos mis seres queridos.
Parece que se han juntado a comer algo,
veo muchos ojos hinchados del llanto,
otros todavía no se dan cuenta
que ya no me escucharán hablar
diciendo una que otra locura.
El clima no acompaña,
la lluvia llena de nostalgia el ambiente.
¡Vamos, empiecen a reír gente!
Y en cuanto lo termino de pensar
una copa rota desencadena un centenar
de historias descabelladas que ni yo recordaba.
“Y si… así era el…
Así soy yo…”
- Gian Marco Settembrini
Perdido en el tiempo
Poema desafío. Pedí que 10 personas me dijeran 10 palabras diferentes para así escribir un poema en menos de 10 minutos. Las palabras elegidas están resaltadas en negrita. El resultado en 7min 35seg fue el siguiente.
Aquellos momentos los recuerdo
con cierta nostalgia
al punto que por instantes
el llanto se adueña de mí
y pareciera querer arruinar mi porvenir.
Por suerte, cuento con mis amigos
y su lealtad que me mantienen
con fuerza, sabiendo que todavía
queda mucha vida por ser vivida.
Y, aunque los buenos momentos
aquellos cargados de sentimientos
sean el preludio de una melancolía
producida en el letargo de la noche.
Sé que llegará el día
en el que relajado y con un habano
en la mano y un whisky en la otra.
Podré tomar nota en un paradisíaco lugar
llamado felicidad.
Aunque mucho todavía no entienda
de filantropía, diría que
es todo lo que quiere una persona al finalizar el día.
- Gian Marco Settembrini
Mamá
Poema sobre la vida.
Necesito escribir estas palabras
como la luna necesita a la noche
y las plantas al sol.
Solo quiero decir qué extraña es la vida.
Es decir, eso es algo bastante obvio;
pero extraña el punto que tiene
de coincidir a dos personas
con poco o nada en común,
y logra convertir todo en un hermoso deja vú
de esos que a uno le gustaría
repetir hasta que el botón se descomponga,
y no logre recomponer, reconstruir,
o simplemente reescribir
una historia pasada
pisada por el agua,
o mejor dicho, acariciada
y convertida en sinónimos
de pasión y deseo,
de lujuría y poesía,
la mentira de tu vida
o la verdad con la que el tiempo
se va y no vuelve.
El reloj se detiene
hasta parece que retrocede
y ves tu niñez, te encontrás llorando
siendo consolado por un abrazo de mamá;
¡como te extraño mamá!
como a los atardeceres en las sierras,
como los veranos riendo y jugando.
La idea pierde fuerza
y yo me sumerjo en la fortaleza
de las últimas palabras de mamá
que todo aquello que deseé lo podré lograr.
- Gian Marco Settembrini