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Microrelato de una historia de desamor.
No puedo escuchar rap sin acordarme de vos y eso que ni te gusta. En cada beat, en cada frase me traslado a todas esas tardes y noches que te acostabas en tanga al lado mío con tus largas medias blancas. 
Hoy estoy en la cama pero a mi lado solo una botella red label me hace la compañía, en vez de, tus labios rojos diciéndome palabras censurables cargadas de malas intenciones que nos llevaban del cielo al infierno a nuestro gusto sin pedirles permiso ni a Dios ni a Lucifer para arder y renacer. Una y otra vez.

Y ese cigarrillo que prendíamos después de todo mientras la respiración intentaba volver a su ritmo normal hoy se ha transformado en una etiqueta completa que colma con su humo toda mi habitación.
Todo está tan blanco, tan gris, ese fantasma no sabe salir, ya no sabe que hace aquí aunque yo sí, vino a por mí y yo solo doy otro trago más para intentar escaparle al destino inevitable de llorar por saber que fui el mayor culpable de que hoy esté hablando con seres que no existen más que en mi mente.

La botella está llegando a su fin, me cuesta seguir escribiendo, las palabras se desvanecen, aparecen, se embravecen, se apaciguan; me cuesta hasta abrir los ojos, todo este humo, todo este alcohol, todo este dolor quedan plasmados en ese rap que nunca escucharás. Ese que comencé a grabar esta tarde mientras pensaba en vos, y le convidaba letras de otro planeta a mi flow con el fin de que llegaran hasta el último trago de la botella pa’ presionar el stop a mi pum pum...pum pum...pum...pu...p...

- Gian Marco Settembrini

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