Vuelo

Poema sobre soñar.
El café de las mañanas, a veces,
desempolva ciertos resquemores
de un ayer plagado de errores
pero hoy despierta la mejor parte
de mi ser, la que se es fiel.

Aunque, cuánto cuesta mantener
esa postura hasta que sean más de las diez
si por las noches los fantasmas
salen a cazar almas atormentadas,
solitarias y acobardadas.

He visto llorar a los más fríos,
arrepentirse a los más arriesgados,
escapar a los más audaces
y a pesar de que la vida nos golpee a todos
solo unos pocos deciden aprender de ello.

Solo algunos descubrieron
que al otro lado del miedo se encuentra el amor.

Pero, en este día siento cierta empatía
por todos aquellos que sueñan sin agitar las alas.

¡Ay, si supieran lo bien que se siente volar,
sentir el viento despeinarte y despojarte
de todo pensamiento inútil!

Al volar el tiempo desaparece,
el resto del mundo se desvanece,
solo sos vos y tu creencia de que podes volar,
llegar tan lejos, tan alto como te lo propongas.

Si solo unos segundos de vuelo
son necesarios para volver absurdos los miedos.

- Gian Marco Settembrini

La torre de los susurros

Cuento.
Susurros.
Cientos de voces distintas se combaten en mi interior y todas buscan lo mismo, tener la razón. En momentos adversos incrementan su volumen hasta aturdirme con un silencio ensordecedor.
Ese mismo silencio escuché un segundo antes que se dispare el gatillo de unos delincuentes sobre mi mejor amigo. El sólo quería huir, salvarse. No pude hacer nada para ayudarlo.
He comentado tantas veces lo que sucedió esa noche. Se lo conté a la familia, a amigos, a conocidos, a desconocidos, que hasta hay días en los que cuento la historía sin una mínima expresión como si fuera un guión preparado. Cuando eso sucede se quedan mirándome consternados ante mi insensibilidad, algunos se esconden detrás de una sonrisa y emiten un juicio negativo sobre mí.
Lo que nadie sabe es lo repugnante que me siento cuando me suceden esos episodios de insensibilidad, nadie sabe que al regresar a casa lloro desconsoladamente. Intento calmar las embestidas de esas voces internas pero todo esfuerzo es en vano.
Al otro día despierto, tomo mi café, me pongo mi traje y me dirijo hacía el trabajo. Cuando vuelvo me espera la comida lista, agarro una cerveza y la bebo mirando por la ventana en dirección a la Torre de Galicia. El edificio más alto de la ciudad.
Hay veces que me pregunto qué se sentirá estar en ese último piso a 80 metros de altura. Si el viento soplará distinto o seguirá siendo solo viento, si el sol quemará mis mejillas igual que en el parque de la vuelta. Pese a vivir al otro lado de la calle nunca realicé el tour por el edificio que concluye con ese fantástico mirador de 360 grados.
Vienen cientos de personas de otras ciudades para conocer exclusivamente este mirador pero yo nunca he subido. Existen tardes en las que vuelvo antes de trabajar y puedo verlos a todos congregándose en la planta baja, más de una vez se quedaron mirándome con atención intentando convencerme que subiera con ellos. No niego que más de una vez pensé en unírmeles, algunos grupos eran más carismáticos que otros pero siempre me inventé una excusa para no hacerlo.
Ya tengo la edad suficiente para no poner en riesgo mi integridad. Desde mi último infarto mi médico me prohibe cualquier actividad que pueda acelerar mi ritmo cardiaco. Dice que puede llegar a matarme.

- Entonces, ¿qué hace subiendo con nosotros en el ascensor? - preguntó un joven que había escuchado toda mi historia con atención.
- Lo que no sabe mi médico es que yo morí esa noche en la que firmé aquel contrato.
- Espere, -interrumpió el joven- ¿usted es él? - dijo, señalando una revista Forbes que se daba al iniciar el tour y llevaba mi rostro.

Asentí en silencio.

- Pero, es millonario. Con todo respeto, está loco. Tiene más dinero del que podría ganar en diez vidas y dice que ya está muerto.
- Mi niño interior...

Antes de poder seguir hablando, se escuchó un sonido y el guía exclamó con entusiasmo que habíamos llegado al último piso.

- Chico, ¿quieres un consejo?
- Sí, por favor, Señor Galicia.
- Nunca renuncies a tus sueños y conserva a las personas que amas.

Esas fueron las últimas palabras de una de las 10 personas más adineradas del último año antes de saltar al vacío desde la torre que llevaba su nombre.

- Gian Marco Settembrini

Pequeños placeres

Reflexiones.
Puedo ver el atardecer entre gigantes de cemento mientras disfruto del olor a café recién hecho y los sentidos no dejan de deleitarse, música de décadas pasadas llenas de melodías pegadizas, voces sin autotune e instrumentos reales llegan bailando hacía mis tímpanos de la mano de una explosión de sabores conferida por una tarta de zanahoria.

- ¿Cómo? ¿Qué es esto? - pregunta mientras levanta la vista de su móvil.
- Esto se llama disfrutar de los pequeños placeres de la vida sin necesidad de alguna pantalla electrónica.

- Gian Marco Settembrini

Etiquetas de rap

Microrelato de una historia de desamor.
No puedo escuchar rap sin acordarme de vos y eso que ni te gusta. En cada beat, en cada frase me traslado a todas esas tardes y noches que te acostabas en tanga al lado mío con tus largas medias blancas. 
Hoy estoy en la cama pero a mi lado solo una botella red label me hace la compañía, en vez de, tus labios rojos diciéndome palabras censurables cargadas de malas intenciones que nos llevaban del cielo al infierno a nuestro gusto sin pedirles permiso ni a Dios ni a Lucifer para arder y renacer. Una y otra vez.

Y ese cigarrillo que prendíamos después de todo mientras la respiración intentaba volver a su ritmo normal hoy se ha transformado en una etiqueta completa que colma con su humo toda mi habitación.
Todo está tan blanco, tan gris, ese fantasma no sabe salir, ya no sabe que hace aquí aunque yo sí, vino a por mí y yo solo doy otro trago más para intentar escaparle al destino inevitable de llorar por saber que fui el mayor culpable de que hoy esté hablando con seres que no existen más que en mi mente.

La botella está llegando a su fin, me cuesta seguir escribiendo, las palabras se desvanecen, aparecen, se embravecen, se apaciguan; me cuesta hasta abrir los ojos, todo este humo, todo este alcohol, todo este dolor quedan plasmados en ese rap que nunca escucharás. Ese que comencé a grabar esta tarde mientras pensaba en vos, y le convidaba letras de otro planeta a mi flow con el fin de que llegaran hasta el último trago de la botella pa’ presionar el stop a mi pum pum...pum pum...pum...pu...p...

- Gian Marco Settembrini

Las paredes hablan

Poema sobre la verdad.
Reestructurando los pensamientos
me encuentro entre medio de paredes de cemento
que pese a su colorida faceta
por dentro entrañan verdades grises y frías,
en su ser se encuentra la historia
de vencedores y vencidos,
sobretodo de vencidos.
Porque contrario a lo que muchos piensan
son los pequeños recovecos,
allí donde la sombra es la única luz
donde se narran las verdaderas historias.

Historias que no llegan a los titulares de los medios,
historias que no se hacen tendencia en las redes,
historias que solo algunos experimentados navegantes de la vida
con rostros arrugados pueden llegar a narrar.
Solo.
Solo, si tan solo,
las lágrimas no se apoderan de su mar de recuerdos.
Si eso sucediera,
no habría barca, ni palabras,
que podrían soportar el vendaval
que genera remover el polvillo acumulado de heridas
que jamás cicatrizarán.

Historias que nunca se podrán silenciar.

Siempre existirá un poeta que se animará a recitar,
un músico que con su voz y sus letras se prohibirá olvidar,
un pintor que esconderá en sus retazos
signos más allá del entendimiento
de aquellos que creen tener la verdad,
o mejor dicho, que quieren imponerla.

Una verdad única, una verdad distópica,
Una verdad hecha mentira. Una mentira.

- Gian Marco Settembrini

Luces, cámara y acción

Actores o no, el show de la vida debe continuar como sea. Y ese es mi mayor temor, saber que somos presos de la improvisación del vivir. ¿Por qué tengo miedo? 
Porque un día, puede ser hoy o mañana, nuestro telón no se va correr y no escucharemos los aplausos, ni las críticas, no escucharemos nada, y allí donde el silencio se esconde es donde se hacen presentes los fantasmas.
Esos que llevamos a cuestas sobre nuestros hombros y se posan regodiantes del éxtasis de saber que si los dejamos son nuestros titiriteros, si se lo permitimos lo serán.
Cada paso que damos, cada huella que no dejamos, cada ausencia que presenciamos hablan más que nuestras bocas al abrirse. No lo sé.
De verdad que no lo sé, no debería ser tan difícil perderse en el naufragio sin preocuparse por el destino. Pero, lo es.
La función de hoy está llegando a su fin y yo aún no he visto desenlace semejante como el de mostrarse real.
Real en un mundo de mentira.

- Gian Marco Settembrini

CUARENTENA

Poema inspirado en la situación actual del mundo.
Privados de su libertad
alejados de su esencia
destinados a limitarse entre muros.
¿Cuánta vida sigue existiendo ahí fuera?
¿Cuánta vida quedará dentro nuestro?
Cuando todo esto haya acabado...
Me pregunto si los papeles se invertirán
y si el hecho de sentirnos enjaulados,
de ahora en más,
será habernos olvidado
de cómo usar nuestras alas
teniendo todo un cielo
para volar y disfrutar…

- Gian Marco Settembrini